Catedral de la Asunción de la Virgen

Baeza (Jaen)

Es tradición que sobre un antiguo templo pagano y después cristiano, los árabes edificasen una mezquita.  En 1147, Alfonso VII convirtió al culto cristiano este templo, bajo la advocación de San Isidoro. En 1227, con la conquista definitiva de la ciudad, Fernando III le añadió el título de la Natividad de Nuestra Señora.
Son muchas las transformaciones que ha sufrido este templo, legándonos muy interesantes reliquias constructivas de diversas épocas; pero es a lo largo del siglo XVI cuando se hace la reforma más profunda que ha de imprimir el carácter dominante renacentista que hoy nos ofrece.

El conjunto es más bien severo y sin mucha homogeneidad. La fachada principal orientada al norte, da a la plaza de Santa María. Por una lonja de triple acceso se llega a la monumental puerta construida en el año 1587, según traza del jesuita Juan Bautista Villalpando.
El cuerpo superior, entre pináculos y dos pilastras ostenta un hermoso relieve con la Natividad de la Virgen y cuya traza se debe al jesuita baezano Jerónimo del Prado. Toda la fachada a la izquierda de la puerta, con ventanas renacentistas y contrafuertes de remates flamígeros, corresponde a la primera mitad del siglo XVI. Entre la puerta y la torre se encuentra un muro antiguo reforzado, donde se abría la anterior puerta gótica, inmediata a la actual, de la que se conserva un arco con puntas de diamante cobijando una capillita renacentista con una buena escultura de la Virgen. Las ventanas superiores de este muro con ordenación paladina y rematadas con frontón cerrado son del último cuarto del siglo XVI.
En el extremo noroeste se levanta la torre de planta cuadrada con fustes de granito empotrados en sus aristas, obra árabe en su origen. Sobre la base árabe de esta torre se edificó otra en 1395, según lo pregona una lápida con caracteres góticos adosada a ella, formando un retablillo heráldico con las armas de Castilla y León, de Baeza y del Obispo baezano don Rodrigo Fernández de Narváez, siendo obrero Diego López, junto con Ferrán López cantero y Juan Sánchez platero. A mediados del XVI se renovó totalmente el segundo cuerpo, pero entre 1832 y 1862 se arruinó, iniciándose una nueva reconstrucción que no llegó a terminarse, hasta que finalmente, se terminó con arreglo al proyecto del arquitecto don Francisco Prieto Moreno.
La fachada oeste, pegada a la torre, pero sin trabazón con ella, contiene los elementos más antiguos del recinto. En primer lugar la puerta de la Luna, ejemplar muy curioso de estilo mudejar del siglo XIII; consta de un arco lobulado de herradura, ligeramente apuntado, y por cuyo intradós corre una doble moldura de perfil románico. Sobre la puerta, un hermoso rosetón gótico del siglo XIV con puntas de diamante, hojas y cabezas.
Finalmente, el muro sur, muy irregular, nos ofrece una puerta gótica de finales del XV, de doble arco. Es la Puerta del Perdón que da acceso al claustro.
En el interior, destacan la Capilla de San José, de mediados del siglo XVI. En su retablo, una pintura de San José y un relieve policromado de la Anunciación. La Capilla de San Miguel, fechada en 1560. La Capilla de Pedro Díaz de Quesada, fundada en 1412 siendo totalmente reformada en 1773. La Capilla Mayor, con un gran retablo barroco, consta de dos cuerpos. La Capilla del Sagrario, cuyo retablo, dorado en 1761 por Francisco Gómez de Espinosa, nos recuerda el barroco colonial. La Capilla de los Dolores, con arco apuntado y molduras renacentistas; retablo barroco con una Dolorosa nada estilizada.

A continuación viene la Sacristía, del siglo XVII en el espacio ocupado por cuatro capillas anteriores, tres de las cuales daban al claustro. En el interior, muy sencillo, destaca una buena reja que cierra una capillita gótica del fondo, atribuida al rejero ubetense Alvarez de Molina.
La Capilla Dorada es la más importante y de mayor entidad artística de la Catedral, con un bellísimo interior, de renacimiento muy italiano. La decoración es profusa y de detalle, con la Adoración de los Reyes y de los Pastores. Se cubre la capilla con dos bóvedas, una con medio cañón de casetones y la otra cupuliforme. Finalmente, la Capilla de los Viedmas, llamada también de las Animas, de finales del siglo XIV, Destacan la portada de su sacristía y la pila bautismal.

Al hacerse la restauración de la Catedral, después de nuestra guerra civil, se hizo desaparecer el coro, lo que indudablemente ha conferido mayor esbeltez a las naves del templo.

La sillería del coro, fechada en 1635, es discreta y se ha distribuido en las naves central y lateral izquierda. El púlpito, de chapa repujada y policromada, es muy notable.

Su cuerpo exagonal está decorado con figuras de San Pablo, San Andrés, cuatro obispos fundadores, ángeles y un escudo del canónigo donante; en su base cónica, escenas de la vida de Sansón. Su fecha, 1580.