Catedral de Santa María de la Asunción
Barbastro (Huesca)
En la construcción de la actual Seo de Santa María de la Asunción, obra de la primera mitad del siglo XVI, intervinieron maestros arquitectos de la talla de Juan de Segura o Juan de Sariñena. El proyecto, financiado por el Concejo de la Ciudad, respondía al deseo tanto de los ciudadanos como del clero, de edificar un magnifico edificio que contribuyera a recuperar para la ciudad la categoría de Sede Episcopal.
No fueron pocas las dificultades económicas que hubieron de salvarse para finalizar las obras, pero una vez concluido el templo, sus promotores quisieron dejar constancia de su orgullo con la incorporación de una inscripción que recorre los muros de la iglesia, a la altura del arranque de las bóvedas, en la que se puede leer: "toda hermosa eres, amiga mía, y en ti no hay defecto (···) Señor, tu casa está perfectamente construida sobre roca firme".
Si bien los elementos formales son típicamente góticos, la concepción del espacio interior del templo está mucho más próximo a la nueva estética del renacimiento.
Finalizadas las obras hacia 1536, llegó el momento de encargar el retablo que ornaría el espacio principal del templo. De su diseño se encargó Damián Forment, el mejor maestro escultor que hubo en la Corona de Aragón en el siglo XVI, y que sería el introductor en estas tierras de la nueva moda renacentista. Del propio Forment son algunas de las esculturas y escenas que decoran el banco del retablo (la Presentación en el Templo, San Pedro,...). A su muerte, esta parte del retablo fue concluida, según su diseño, por su discípulo Juan de Liceyre.
El alabastro, material económico por su abundancia en Aragón y del que se obtienen singulares calidades plásticas fue el material elegido por el maestro para llevar a cabo esta obra.
 

En 1560 se finalizaría esta parte del retablo, que quedaría incompleto hasta que, entre 1600 y 1602, se acometiera la realización de los cuerpos superiores del mismo. Un equipo integrado por Orliens, Martínez de Calatayud, y Armendia concluiría la obra, ya en un estilo sumamente distinto, y moderado, que responde a la nueva estética romanista.
Entre los siglos XVII y XVIII, familias nobles de la ciudad, obispos con dinero, personajes relevantes de la curia y diversas cofradías, ampliarían las capillas de la Seo dotándolas de magníficas portadas.
De todas ellas destacan las dos abiertas a los pies (la del Santo Cristo de los Milagros, y la antigua capilla de San Carlos Borromeo), ambas construidas en la primera mitad del siglo XVIII , en estilo barroco pleno.
En el exterior, destaca la torre campanario, atalaya desde la que se domina toda la población y auténtico símbolo de la Ciudad. Presenta tres fases de construcción: la obra medieval, constituida por los dos cuerpos inferiores; la reforma del siglo XVII llevada a cabo por Pedro de Ruesta y la reforma del capitel, ya en el siglo XVIII.