Catedral de la Encarnación
Málaga

La Catedral de la Encarnación de Málaga constituye la joya arquitectónica más valiosa que posee la ciudad. Se encuentra en el casco histórico-artístico y dentro de los límites de la hoy desaparecida muralla árabe, Por ella pasa el eje vial más importante de la Málaga antigua y musulmana que se extendía desde la Alcazaba al río Guadalmedina.

Próxima al parque de la ciudad, tiene sus propios jardines y un bello patio de naranjos que nos hace recordar la antigua mezquita en cuyo solar se encontraba situada. La Catedral puede verse desde el mar, desde la costa y desde los montes que arropan a la ciudad: es el punto de referencia más importante de la urbe.

Los malagueños llaman a la Catedral la «Manquita", porque le falta una de sus torres. Las obras de la Catedral de Málaga quedaron interrumpidas y sin terminar hace más de doscientos años.  Falta la torre sur, unos cuantos torreones laterales, una balaustrada en la parte superior que recorría todo el perímetro del edificio sobre la que irían varias estatuas y el frontón de la fachada principal. 

La Catedral es de estilo renacentista. Las primitivas trazas, hoy inexistentes, fueron obra del burgalés Diego de Siloé (1495-1563). Las obras dan comienzo en 1528 bajo la dirección del arquitecto y maestro de obras Pedro López. Más tarde intervienen otros que reforman los planos: como Andrés de Vandelvira (1509-1575) y Diego de Vergara que queda como Maestro Mayor hasta su muerte en 1583.

La Basílica tiene una planta rectangular de tres naves de la misma altura y las dos naves laterales, un poco más estrechas que la principal, se juntan en un corredor semicircular por detrás de la nave principal que en términos arquitectónicos se llama girola, cuya solería fue reparada a principios de 1995.