El Puñao de Rosas
Libreto de Carlos arniches y Ramón Asensio Mas, con música de Ruperto Chapi.

La acción comienza en un rellano de la sierra cordobesa, donde junto a una fuente aparecen sentadas un grupo de mozas. Rosario tiende su mano a una gitana que le está diciendo la buenaventura, la cual le predice que dos hombres están enamorados de ella, y que habrá un disgusto si no lo remedia Dios, pero que no se apure, porque un marqués muy rico y prendado de su hermosura, vendrá por ella. Las mozas se ríen, diciéndole que Tarugo será el marqués. Juan, padre de Rosario, se alegra de que se burlen de Rosario, a ver si con sus burlas le arrancan el cariño de ese bruto, al que está dispuesto a echar del cortijo por aquello de «ojos que no ven...» y le dice a su sobrina que llene el cántaro, que ha venido el señorito, que últimamente anda mucho por el Cortijo.

El señor Juan encuentra a Tarugo y a su hermano José Antonio juntos, circunstancia propicia para decirle lo que hace tiempo desea: que su hija es su orgullo y aunque no la guarde para príncipes ni reyes, menos para un salvaje como él. Le amenaza con echarle de cabeza por el barranco si vuelve a mirar a Rosario. Esta sale del cortijo y viendo la tristeza de Tarugo, le dice que si puede hacerle un favor. «¿Uno sólo»? pregunta Tarugo. Rosario le dice que va a venir el señorito con unos amigos y quiere estar guapa, motivo por el cual le pide un puñao de rosas. Como es mayo y los rosales no han brotado todavía, ella quiere ver como se las compone para encontrarlas y traérselas. Mientras Tarugo sale a cumplir su encargo, Rosario reflexiona que es una herejía lo que está haciendo con Tarugo, ya que todo el mundo cree que le quiere, pero de quien ella está enamorada en realidad es del «señorito Pepe», quien solamente la desea en plan de aventura. Regresa Tarugo con su manojo de rosas.

Pregunta Rosario de dónde las ha cogido, a lo cual él responde que se las ha cogido a la Virgen. Tarugo va a pedirle a Rosario una rosa después de haberla llevado en el pelo, y al avanzar hacia ella ve llegar al señorito Pepe. Se esconde entre la maleza para que no le vean y oye como Pepe y Rosario se declaran su amor. El señorito le pide que se vaya con él, esa misma noche a Córdoba y Rosario le responde que lo pensará. Cuando ella desaparece, él se burla cínicamente diciendo que estará con ella un mes en Córdoba, otro en Sevilla y después para Tarugo.

El señor Juan descubre llorando a Rosario. Cree que es por culpa de Tarugo y lo hecha del Cortijo. Llega la hora de la cita y aparece el señorito Pepe. Tarugo está entre los árboles esperándole con su escopeta. Le sale al encuentro y le dice que si quiere de verdad a Rosario que se la pida a su padre. Si así lo hace, él mismo se la llevará hasta el altar, pero si no se la pide, que se marche a Córdoba. El señor Juan ha descubierto que su hija no está en el Cortijo y sale buscándola desesperado. Es entonces cuando Tarugo entrega a Rosario a su padre y ella le pide perdón. Tarugo va hacia la ventana donde estaba «el puñao de rosas» y lo coge, el señor Juan le pregunta que a dónde va, y él le contesta que a devolver las flores a la Virgen.

Se estrenó en el Teatro Apolo de Madrid, el día 30 de Octubre de 1902.